Dos cocinas concebidas desde la delicadeza, donde luz y color encuentran su equilibrio.
La luz entra suavemente y comienza a transformar el espacio. Se desliza entre las vigas, dibuja sombras y revela una atmósfera en calma.
En este proyecto, la cocina se expresa en dos espacios: uno en la vivienda principal y otro en la casa de invitados, concebidos bajo una misma mirada. Dos cocinas de Cocinart que comparten una misma sensibilidad, interpretada desde lugares distintos.
Soul Escapes
2026
Soko Studio
Ambas nacen desde un gesto poco habitual: dejar que el color florezca. Tonos suaves, casi suspendidos, que envuelven el ambiente con una delicadeza serena, como si siempre hubieran formado parte de él.
Las flores acompañan sin imponerse.
Aportan un pulso orgánico, una presencia viva que conecta el interior con algo más esencial, más atemporal.
A lo largo del día, la luz cambia, los matices se afinan, el espacio respira.
Y cada cocina, desde su propio ritmo, se convierte en un lugar que trasciende lo funcional: un equilibrio entre estación y permanencia, entre lo efímero y lo que permanece.
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